Incertidumbre

En esta vida, el momento idóneo debe aparecer por sí solo, no debe ser forzado porque lo eterno no se busca, no se pretende..., simplemente surge cuando menos es esperado.
Y aquí me hallo otra vez, esperando desesperada ese instante que necesito para dar el paso hacia adelante a través de esta senda sinuosa; creyendo que las oportunidades del presente son difusas. Aguardo una clara, que yo no haya buscado ni pretendido, cuyo posible final, sobre todo, sea confuso; no anhelo conocer que el final pueda ser tan nítido y dichoso, ni ilusionarme por ello- aunque en mis actos pueda pecar de idiota-, pues prefiero no intuirlo y dejar que por sí solo se presente ante mí, dejándome traspuesta.
Por ello, el final de esto debe surgir sin ser pretendido; y si la ocasión lo permite, debe ocurrir de improvisto un destino por esta senda sinuosa. Nunca, para mi desgracia, mis planes han tenido su conveniente y deseado éxito; siempre he errado en cada decisión, creyendo en un posible futuro dichoso.
Opuesto a lo que ha dicho mi cordura, la que exige de mí lo anterior, no me debatiría entre mi deseo o intentar averiguar qué decisión debo tomar si la vida me deja ser una simple y humilde adivina. Sin embargo, prefiero ser paciente y estar repleta de dudas, pues ante lo que pueda surgir es maravillosa la incertidumbre. 

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