Cobardía

Hablaré firmemente; susurraré lo que un día fue este corazón, el mismo que transformó en marrón y arrugada su apariencia exterior, vistiendo un puro y blanco espíritu; musitando ser la viva imagen de un viejo pergamino, consumido por el paso de los años, el sufrimiento de los días.
Impoluto era en este cuarto colmado de soledad, el mismo desde donde escribo; la misma soledad que ha devorado mi anterior corazón y al mismo tiempo ha cuchicheado a mis oídos palabras de aliento, concienzuda de la llegada de un día en el que seré capaz.
Musitando lentamente ha aguardado el nacer de otro presente, para arrepentirse constantemente, ya mudado, de seguir respirando. Maldito ha sido y continuará siéndolo, pues ha vagado tanto por las lagunas de su mente que ha perdido el camino de regreso; ha vaticinado su eterno errar en aquella soledad porque en la vida jamás ha aprendido ni entendido porqué palpita, sino ha sido para seguir sufriendo. 
Y ha continuado vagando en esa inmensa tortura que lo ha ido devorando con el paso de los años, el sufrimiento de los días.
Hablaré firmemente; susurraré la causa que me ha forzado y obligado a mantener en eterno desvelo a mi corazón. Imagino tantas veces cómo dejaría de latir que ya me he olvidado de pensar en vivir. 
Lo imagino entre llamas, fuego y oscuridad, mientras se mantiene en pie ante el calor abrasador que lame su piel y al mismo tiempo consigue mudar su frialdad, ofreciéndole un poco de calidez.
Entonces, extinguido el fuego, ya mudada su apariencia, ha seguido palpitante y ha errado perdido en aquella temible oscuridad que no le ha permitido visualizar la cordura; la misma soledad que concienzuda cuchichea a mis oídos la llegada de un día en el que seré capaz de tener su misma valentía.

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