Voz interior

Ante el espejo, me he vestido como una persona inservible porque alguien me lo ha llamado ante mis ojos; ha acometido sin piedad contra mi autoestima, ya de por sí afligida, y ha ofendido repetidas veces a la niña melancólica que llevo dentro.
Entre aguas turbulentas solo he pedido ánimo y una mano que me auxiliara a llegar a la orilla, para que bajo las copas de los árboles pudiera resguardarme de las telarañas luminosas que adornaban el cielo. 
He permanecido sentada en un paraje yermo, donde he despreciado a la vocecilla irritante que habitaba en mí porque he creído que ella me vilipendiaba a su vez; he llegado a ignorarla con un desdén de mi mano cuando emitía sus juicios, al mismo tiempo que proclamaba a gritos mis errores sin reparo alguno y los nombraba uno a uno ante mis ojos en un intento de hacerme reaccionar mientras yo intentaba emerger a la lejana superficie del fango en el que me hallaba o poblar de cultivos mi autoestima baldía.

Sin embargo, aquello dañino no solo habitaba fuera de mí, sino también dentro.


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