Sorbos y humos


Constantemente  he pensado en esas personas irracionales y las he juzgado inmaduras; aquellas que desaprovechaban su mísera existencia narrando mil y una aventuras que se escapaban por entre sus labios, rozándolos suavemente, envueltas en una blanca neblina.
Eternamente señalé con el dedo a esas personas sin nombres recordables que encharcaban sus recuerdos con cada sorbo en una noche oscura; confundidas en el girar del mundo y buscando silenciosamente el delirio, el libertinaje y la euforia.
Siempre las he vituperado y las he alejado de mí como si de un ente venido del infierno se tratase, cuyo único objetivo en su llegada fuera poner mi mundo patas arriba y demostrar mi aburrida vida.
Así he gritado palabras de consuelo al mundo entero para probar cuán lejos las había enviado de mí y  he suspirado a mí misma la buena obra que había realizado hacia mí.
Sin embargo, en este instante que rozo  la partida de cada recuerdo que se escabulle de mi boca, acariciando mis labios; ahora que paladeo cada beso que me regala el filo del cristal repleto de los recuerdos que hoy son el presente y mañana serán el pasado; es este momento en el que pido la compasión, que yo ignorante no presté a esas personas, siento aprecio hacia mis recuerdos.
No crean vagamente en la apariencia que afirma erróneamente que me he sumergido en un océano  de aguas turbulentas para encontrar entre monstruosas olas un nuevo consuelo porque el anterior está desgastado por el cambio. Confíen, pues estoy procurando exhalar recuerdos poco a poco y saborear lentamente los momentos felices que antes no pude, y crean que se están volviendo imperecederos porque por primera vez son innegables.
Auténtico es que mi vida no se consume lentamente entre el fuego produciendo un humo inexistente, mientras admiro a las que censuré en mi existencia y fabricaban sus recuerdos a base de sorbos y humos con el resultado de una sonrisa.

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