Particular sortija

Los verdaderos sentimientos, que se albergan en el corazón, no pueden ser curioseados por forastero alguno para descifrarlos, pues siempre le brindarán la ausencia de la respuesta al ser interrogados.
Es muy lúgubre contemplar cómo aquello tan peculiar, que permanecía engastado en una desolada orilla, se va disolviendo por el empuje inverso de una gran ola; resulta aciago ser testigo de su desmembramiento de arena dorada por el fervor de un gran orfebre y observar cómo es arrastrado mar adentro a una velocidad vertiginosa. Es tan triste como doloroso verlo deslizarse de tu delgado dedo hasta perderse.
Los seres humanos son unos auténticos inútiles, todos lo son. Atisban a través de sus ingenuos ojos cómo la ola arrasa la ribera, robando todas sus pertenencias personales para quizás acomodarlas en el fondo del mar, y no se dan cuenta del ladrón, pésimo en sigilo, que osa hurtarles.
Son unos cobardes curiosos. Advierten la llegada del feroz oleaje, fantasean sobre lo que puede regalarles cuando arribe a la costa y la dejan que derribe su pequeño cobertizo de madera; permiten que primero sustraiga, a través de un camino meditado, los muebles, que habitaban en su interior oscuro; y que penetre por puertas y ventanas personándose en cada recoveco y haciendo que los cajones se desborden inundados de recuerdos...
      ...La dejan a su libre albedrío hasta que el herido zozobra; así una vez destruido el cobertizo, los hombres deambulan oyendo el crujir de las tablas de madera sobrevivientes al ultraje y repartidas en pequeños montones por la orilla, desgajadas y astilladas, y entonces, caen en la cuenta del pecado cometido: todos los seres humanos son unos reos acoquinados que no han batallado por custodiar intacta su remota existencia por mero huroneo frente al cambio.

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