Reflexiones II

He meditado sobre todo esto. He reflexionado sobre cada uno de los instantes que han morado, sin ser yo consciente de sus presencias, por los límites del reflejo de mi pequeña jaula vidriada y que han vivido fugazmente, como un haz de luz surcando el firmamento colmado de estrellas parpadeantes. Los días pasados no me han permitido el tiempo indispensable para sopesar el valor que posee aquello que mudó de piel a mis ojos y hoy día es el sustento que da aliento a mi vida, a mi existencia.
Desorientada he estimado como imprescindible el mismo infierno, de cálidas y enormes llamas alzadas hacia el nublado cielo, y lo he confundido con el mismo paraíso; pues los mares embravecidos de mi tormento solo poseían un único espectador, que respondía al nombre de la temible oscuridad, pero entre inmensas olas de espumas blancas he encontrado el fruto oculto de la felicidad.
Así podría distinguir sin miramientos entre aquellas blancas manos que han rozado mi agonizante corazón con la yema de sus delgados dedos y han provocado en él un ligero temblor de ensoñación, y aquellas que lo han aprisionado en una acunación casi melódica de momentos, produciendo en él una eterna dependencia de recuerdos.
He meditado sobre todo esto. He elucubrado y he llegado a la siguiente reflexión: dejaría, aún en estos días, a esas manos tomar mi órgano vital en un momento tan efímero como un haz de luz cruzando el cielo, y así podría volver a ser consciente que, a mis ojos, es el sustento que permite mi vida, mi existencia.

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