Demasiados recuerdos I

Trato de reprimir con mano dura y puño firme esos sentimientos que afloran cuando mi mirada cree contemplar imágenes que la recuerdan aquellos momentos compartidos, aquella mera compañía.
Florecían sonrisas entre lágrimas y también compañía entre oscura soledad. Majestuoso momento fotografiado por mi mirada que revelaba esa efímera nostalgia. El alma se retuerce de placer y brotan millones de comisuras de los manantiales de la felicidad, alzadas hacia el cielo como un grito de alabanza a aquellos momentos fallecidos en el presente.
Juego incasable de noches y días en la misma locura irreparable; sin pensar en la cruda realidad tan pesada, porque éramos felices.
Miradas que sonrojan cuando te contemplan con el cariño desmedido de un alma en pena; la misma que yace atada en su infierno por diez mil cadenas de acero. 
Siento haber faltado a la ausencia de tus recuerdos en esta mente en pena. Faltar a la promesa de emanar de cada uno de mis poros el cariño que merecías al estar desprotegida.
Sentimiento acomplejado de infantil y quizás de estúpido, pero sobrante del significado que la imagen provoca al ser contemplada por mi mirada.





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