El enemigo de mis recuerdos

Cada momento que respiro abrasa mi memoria, provocando que mi impaciencia se retuerza entre sábanas de ira y se estrangule, con sus propias manos, hasta silenciarse en su anhelo por odiarte.
Bocanadas de aliento cálido atraviesan mi garganta maltrecha, caldeando el nublado cielo, al salir al exterior por el límite de mis labios.
Ellas engullen mis entrañas, enfermándolas en su agonía eterna; provocan que griten nerviosas como el chisporretear del fuego de leña, hospedado en el hogar, ante el viento que sopla fuerte.
Mis ojos no guardan rencor a los tuyos. No pretenden traspasarlos, fieramente, para permitirlos la oportunidad de predecir la visión de terror que un día habitó los míos; solo los contemplan con el carácter de quien desea que la soledad se disipe como una voluta de humo.
Por ello, querida, no te estrujaré entre cadenas irrompibles hasta desmembrarte, simplemente te frenaré en tu temido avance. No con intención de frustrarte. Ni regocijarme con ello. Únicamente porque, ante tu incesante golpe hoy en la profundidad de mi memoria con tu sola presencia, me amedrantas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario